El proyecto, denominado «Retrats» (Retratos), es una iniciativa de la Asociación para la Rehabilitación del Enfermo Psiquiátrico (AREP), en colaboración con la Federación Catalana de Asociaciones de Familiares y Personas con Problemas de Salud Mental (Fecafamm), que ha sido presentada por la compañía Brainpharma en el último Congreso Nacional de Psiquiatría.
Este proyecto, que nació hace dos años y culminará en el que acaba de comenzar con un documental, se ha centrado en el desarrollo de un taller de pintura dirigido a pacientes con esquizofrenia. Su finalidad es facilitar la recuperación de los enfermos y su integración social. En definitiva, reconstruir la vida de unas personas que, como gran parte de quienes sufren esa patología, han sido estigmatizados por la sociedad.
Lluís Gràcia espera impaciente la llegada de sus alumnos al taller de pintura que dirige. Este hecho no tendría mayor importancia si no se tratara de un taller singular. Lluís y sus alumnos sufren de esquizofrenia y a través del arte, esta vez de la pintura, tratan de vencer el estigma que soportan debido al desconocimiento que gran parte de la sociedad tiene sobre esta enfermedad mental y sobre quienes la padecen.
A lo largo de su vida y debido a la enfermedad, Lluís ha permanecido largas temporadas en diferentes centros psiquiátricos para someterse a tratamiento. Pero, un buen día descubre que la pintura le ayuda a afrontar su mal y decide colaborar con diferentes asociaciones para desarrollar talleres de pintura con otros enfermos con los que comparte su experiencia personal y, desde ella, les ayuda a luchar contra esa enfermedad y a mejorar su calidad de vida. «Pintar -asegura- es dejarse llevar por la magia».
Lluís recibe a los participantes en el proyecto y hace una breve presentación en la que les transmite seguridad. «Hace 30 años, cuando tenía 17 o 18 y trabajaba en un Banco, sufrí un brote de esquizofrenia e hice mucho el loco: me subía a los coches y lanzaba botes de pintura contra las paredes». Tras sucesivos tratamientos y con la ayuda de su familia, este hombre simpático que apenas supera el medio siglo, que habla a borbotones y que en algún momento trasluce un íntimo y tierno sentimiento de héroe, deja que sus compañeros se explayen sobre su enfermedad y su actividad cotidiana y opinen sobre cuestiones de actualidad. A Lluís, la pintura le aportó una gran mejoría en sus lucha contra la enfermedad y realiza estos talleres para ayudar a quienes como él están en proceso de recuperación.

El profesor advierte que se trata de una pintura «gestual», sin dibujos, utilizando el gesto de la mano. «Soy libre y en un trazo expreso todo lo que quiero», dice Isabel. Lluís anima a sus alumnos a volcar la pintura, restregarla, combinar colores… Al final, todos se sienten artistas. Pero sobre todo, han descrito su vida con la magia de los colores.