La declaración del estado de alarma por la emergencia sanitaria de la COVID-19 en marzo de 2020 provocó, durante semanas, un confinamiento domiciliario estricto para la población general y, por tanto, también para las personas con discapacidad por trastorno mental que residen en las viviendas supervisadas de AFES Salud Mental.

Ante esta situación, la entidad tomó medidas para proteger la salud y evitar las salidas de las 45 personas que convivían en las ocho viviendas. Una de estas medidas fue optar por la contratación de un cáterin que permitiera prescindir de la necesidad de hacer la compra semanal de alimentos y productos de consumo.

Se puso así en marcha el proyecto «Iceberg. Medidas de actuación adoptadas durante el confinamiento en viviendas supervisadas de atención a la salud mental por COVID-19», una iniciativa ágil e inmediata que facilitó que las personas pudieran cumplir estrictamente el confinamiento y reducir así las posibilidades de riesgo ante los contagios.

Las viviendas supervisadas son recursos alojativos comunitarios pertenecientes a la red sociosanitaria de atención a la salud mental de Tenerife, y suponen un hogar estable para las personas con problemas de salud mental graves que en ellas conviven. Se trata de recursos esenciales, por lo que AFES Salud Mental destinó todos los esfuerzos necesarios para implantar las medidas higiénico-sanitarias por el coronavirus en tiempo récord y reforzar los cuidados de las personas usuarias y las trabajadoras.

El proyecto Iceberg ha sido posible gracias a una subvención directa de la Dirección General de Relaciones Institucionales de la Vicepresidencia del Gobierno de Canarias.