«Aunque yo nunca he estado enterrado vivo, considero que es una experiencia similar. La inmovilidad de todas mis extremidades y mi tronco sobre una camilla me provoca unas sensaciones de angustia y ansiedad insoportables, y cuando más agitado estoy, más dolorosa es la experiencia».

Así relata Enrique González, presidente de AFES Salud Mental, su experiencia con las contenciones mecánicas en un centro hospitalario. Sus palabras podrían resultar sorprendentes si no fuera porque, por desgracia, suponen el día a día de muchas personas con problemas de salud mental que se enfrentan a la vulneración múltiple y sistemática de sus derechos durante los ingresos involuntarios.

Con motivo del Día de los Derechos Humanos, que se celebra hoy 10 de diciembre, SALUD MENTAL ESPAÑA denuncia las situaciones de violencia que, de forma habitual, sufren las personas con trastorno mental en la atención sanitaria. Una de las vulneraciones de derechos más frecuentes es el uso de medidas coercitivas, tales como las contenciones mecánicas, una práctica considerada tortura por la ONU y que puede acarrear para las personas tanto consecuencias psicológicas como físicas, pudiendo llegar incluso, en ocasiones, a provocar la muerte.

«Soy un paciente psiquiátrico, así que cuando ingreso en urgencias, llaman a seguridad para que esté presente mientras me desvisto para ponerme el pijama del hospital», relata Enrique. «Tardo más de lo que debo en terminar de desabrocharme la camisa, y el personal no da tiempo, ni medio minuto, y me reducen entre las dos personas de seguridad y los cinco auxiliares y enfermeros que han llamado previamente para presenciar cómo me desnudo en un habitáculo de dos metros cuadrados. Me colocan en la camilla que ya habían preparado de antemano con las correas. Soy una persona con una urgencia médica y tengo mucho miedo de lo que me está sucediendo, no entiendo por qué no me han cuidado desde que llegué al hospital, por qué no está mi familia conmigo, y estoy en shock. Un shock que no tenía antes de ingresar».

Contenciones cero

Ante estas violaciones de derechos humanos continua, AFES Salud Mental aboga por erradicar el uso de contenciones mecánicas, aislamiento o cualquier otra forma de coacción, en línea con lo que dispone la Convención sobre los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad, y recuerda que Naciones Unidas lo considera tortura.

El motivo de que se sigan empleando estas prácticas es que sigue habiendo mucho miedo a la libertad y la autonomía, y demasiado arraigo del estigma de la violencia y el descontrol atribuidos a las personas con problemas de salud mental.

Las alternativas pasan por desarrollar equipos comunitarios que atiendan las crisis, incrementar los recursos sanitarios y modificar los espacios para hacerlos menos hostiles, implementar apoyos a las profesionales para que se impliquen en nuevas prácticas alejadas de las relaciones de poder, y reconocer el saber de las personas con experiencia propia y su entorno para aportar a la planificación de servicios.

Porque la coerción no es terapéutica, vulnera derechos y hiere la dignidad de las personas.