Cada año se suicidan en el mundo alrededor de 700.000 personas, una cada 40 segundos. Al margen de la pandemia, se trata del mayor problema de salud pública en Europa, pero también uno de los más silenciados y mitificados.

En España el suicidio es la principal causa externa de mortalidad. En 2019 fallecieron por este motivo 3.671 personas (2.771 hombres y 900 mujeres), un 3,7% más que el año anterior. De ellas, 197 se suicidaron en Canarias, de las cuales 165 fueron hombres y 32 mujeres.

El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha para recalcar que es posible reducir estas cifras y salvar vidas. Para ello, es primordial la elaboración y puesta en marcha de un Plan Nacional de Prevención del Suicidio, que dote de los recursos, profesionales y espacios adecuados; acabar con los mitos, el estigma y la culpa para facilitar que las personas con ideaciones suicidas pidan ayuda; y concienciar a los medios de comunicación del importante papel que desempeñan en esta labor con la publicación de información responsable y adecuada.

Un intento de suicidio es una manifestación del sufrimiento y desesperación que siente la persona. No es una llamada de atención, ni tampoco una conducta valiente o cobarde. Muchas avisan de alguna forma a su entorno acerca de sus intenciones. La escucha activa, el acompañamiento sin juicios, críticas o reproches ayuda a evitarlos, así como acudir a profesionales de la salud mental. 

En el actual contexto de pandemia es más urgente que nunca invertir en la prevención. La crisis sanitaria y social originada ha aumentado el malestar psicológico de la población, sobre todo entre personas jóvenes. Hablar con naturalidad y rigor del suicidio contribuye a salvar vidas. Es hora de poner el foco en los cuidados y en la educación emocional de las nuevas generaciones para construir, juntas, sociedades más sanas y menos competitivas.

Como parte de su compromiso con esta labor, AFES Salud Mental cuenta con el proyecto de Sensibilización en centros formativos, así como con equipos humanos en sus recursos y servicios que trabajan para reducir los riesgos psicosociales que están detrás de muchos casos de suicidio, consciente de que la prevención es el primer paso para garantizar el bienestar y la calidad de vida de las personas.