“La fortaleza de las viviendas supervisadas son las educadoras y las animadoras, en especial su capacidad para escucharnos”

Desde su llegada a AFES Salud Mental, Eduardo ha ganado autonomía en el recurso y ha convertido su pasión por la cocina en el mejor nexo de unión entre compañeras y trabajadoras

Es jueves y el olor de la comida recién hecha empieza a embriagar a las residentes y profesionales de La Paz, la vivienda supervisada que AFES Salud Mental gestiona en Los Realejos. Es la hora del almuerzo y Eduardo Hernández las avisa de que la mesa está servida. Las invitadas confirman que cocina muy bien y él disfruta especialmente de prepararla cada semana. Su afición se ha convertido en un aliciente para su recuperación y ha dado un toque de sabor a la vida en este hogar comunitario, su casa desde hace un año y medio.

¿Cómo conociste la asociación?  

Comencé con mi problema de salud mental tras un accidente de moto, en el que sufrí un traumatismo craneoencefálico grave cuando regresaba de mi trabajo de cocinero en Las Cañadas. Entré en psiquiatría y me recomendaron la asociación porque, dada mi realidad, creían que me podría ayudar: estuve un mes en coma y parecía un niño. Yo vivía con mis tíos, quienes hicieron todo lo que estaba en su mano para cuidarme, especialmente tras el accidente, pero en ese momento no estaba pasando por una buena etapa. Accedí al programa de Promoción de la Autonomía Personal en 2022 y desde el principio me escucharon y me brindaron mucho apoyo. El educador y el enfermero del Equipo Comunitario Asertivo (ECA) conocieron mi situación y me hablaron de las viviendas supervisadas. Estudiaron mi caso y pocos meses después entré a vivir aquí.

¿Qué recuerdas de tu llegada a la vivienda? ¿Cómo te sentiste en ese momento?

Llegué muy nervioso, puesto que no sabía dónde me iba a meter. Tuve mucho miedo e incluso las primeras noches no pude dormir, aunque los compañeros siempre me han acogido muy bien. Ya había compartido piso con otros chicos antes, pero nunca en un recurso y la verdad es que desconocía por completo el funcionamiento. Vine a la aventura y si no salía bien, me buscaría la vida como siempre lo he hecho. Aún recuerdo las palabras de las educadoras sobre la filosofía de la entidad: que seamos autónomos.

¿Cómo te imaginabas este recurso residencial? ¿Qué esperabas encontrar?

Yo era un lienzo en blanco, no me imaginaba nada. Llegué sin ideas preconcebidas y cuando me lo ofrecieron pensé que iría a un lugar mejor que en el que estaba. Lo que más me sorprendió fue el equipamiento de la cocina, tenemos de todo. Estoy mejor que en un hotel porque estoy en mi casa y tengo todas mis necesidades cubiertas. Me quedo con lo tengo, que es muchísimo. Me siento bien conmigo mismo y tengo ganas de seguir formándome en ámbitos relacionados con el trabajo que se lleva a cabo en las viviendas, como animador, sobre todo.

Si tuvieras que destacar una fortaleza del programa, ¿cuál sería? ¿Y alguna debilidad o aspecto a mejorar?

La fortaleza del programa son las educadoras y las animadoras, en especial su capacidad para escucharnos. El recurso actualmente me ofrece mi espacio, mi casa. Mi habitación es un lujo; para mí es el paraíso.  Somos unos privilegiados por el funcionamiento, la compra de todas las semanas, las actividades de animación… por todo lo que nos aporta. Y aspectos a mejorar poco o nada. Las cosas que nos hacen falta siempre nos las traen, tarde una semana o un mes.

¿Recomendarías este programa a otras personas que puedan encontrarse en situaciones similares a la tuya? ¿Por qué?

Totalmente sí, lo digo con la boca llena. Cuando llegué tenía un nivel de satisfacción del 80%, ahora del 120%. Siempre que hablo con las personas de la calle lo comparto. Estoy retomando todo, gestionando mi propia vida y tengo tiempo de hacer voluntariado en el banco de alimentos. Se lo recomendaría a cualquiera y le diría que va a tener apoyo en todos los sentidos a través de profesionales que saben entender a la gente, que te escuchan, te aconsejan y te muestran otras formas de ver las cosas para conseguir que estés bien y que te sientas como en casa.

El paso de Eduardo por el recurso le ha permitido ganar autonomía e ir retomando su proyecto de vida. Ha vuelto a estudiar y tiene muchas metas por delante, las cuales sabe que podrá alcanzar con esfuerzo y perseverancia. A fuego lento, como la deliciosa comida que prepara.

Todas las personas tienen derecho a un nivel de vida adecuado que les asegure la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, los cuidados médicos y los servicios sociales necesarios. Para garantizar estas condiciones básicas e incuestionables, AFES Salud Mental gestiona actualmente 9 viviendas supervisadas en distintos municipios de Tenerife en coordinación con el Equipo Comunitario Asertivo (ECA) del Servicio Canario de la Salud. En total, 63 personas fueron atendidas en 2023 (14 mujeres y 49 hombres). Entre ellos se encuentra Eduardo, quien ha querido compartir su experiencia en el programa, desarrollado en el marco del convenio de colaboración que el Gobierno de Canarias mantiene con el Instituto Insular de Atención Social y Sociosanitaria (IASS) del Cabildo de Tenerife.

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