Música para sanar: personas privadas de libertad participan en un taller artístico con la Sinfónica de Tenerife y AFES Salud Mental
El encuentro culminó con un concierto participativo al que asistieron 96 internas y profesionales de los centros penitenciarios y del ámbito social
AFES Salud Mental ha participado por primera vez en el programa Música Abierta de la Sinfónica de Tenerife, un proyecto que la formación musical desarrolla en colaboración con el Instituto de Atención Social y Sociosanitaria (IASS) del Cabildo de Tenerife y la Dirección General de Instituciones Penitenciarias y que acerca la experiencia musical en vivo a espacios no convencionales, promoviendo la democratización de la cultura y el bienestar emocional de todas las personas.
Esta colaboración se ha realizado a través del proyecto «Ícaro: atención a la salud mental de personas privadas de libertad», impulsado por AFES Salud Mental y financiado por el Gobierno de Canarias con cargo a la asignación tributaria del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), para atender a personas con trastorno mental en centros penitenciarios, dentro del Programa de Atención Integral a Personas con Enfermedad Mental (PAIEM). En esta ocasión, se llevó a cabo el taller «Cuerpos al viento», en el que la música, el cuerpo y la escucha actuaron como herramientas de transformación personal y colectiva.
El encuentro culminó con un concierto participativo al que asistieron 93 personas, 76 de ellas privadas de libertad (24 integrantes del proyecto Ícaro de AFES Salud Mental) y 17 profesionales de los ámbitos penitenciario y social. Allí, las vivencias del taller se transformaron en una creación artística colectiva, construida desde la sensibilidad y la experiencia personal de las participantes.
Arte y derechos en el contexto penitenciario
Para las personas participantes, la experiencia fue mucho más que una actividad artística: una oportunidad para expresarse, sentirse parte y reconectar con su propio cuerpo desde el cuidado. La implicación de un grupo que, además de vivir en reclusión, convive con distintos problemas de salud mental aportó una dimensión profundamente humana al proyecto, reforzando la defensa de los derechos y la dignidad también desde la cultura.
La actividad ha sido posible gracias al trabajo conjunto entre AFES Salud Mental y el equipo de Música Abierta, generando oportunidades de reinserción social a través del arte y la sensibilidad compartida.

Música, cuerpo y transformación
El taller, guiado por Ana Hernández (creadora y narradora), Antonio Quiles (coreógrafo) y un quinteto de viento de la Sinfónica, incluyó la interpretación de «Pastorale», de Amy Beach, y «Bedtime Stories», de Tom Johnson.
Hernández destacó la importancia de visibilizar a las mujeres compositoras y señaló que la obra de Beach, «por su belleza y serenidad, resultaba ideal para abrir el concierto y presentar la sonoridad del quinteto». Sobre las piezas de Johnson subrayó «su carácter escénico y humorístico, muy adecuado para trabajar el movimiento y la teatralidad de la música y el cuerpo».
Respecto al desarrollo del taller, explicó que el acercamiento con las personas con trastorno mental privadas de libertad «resultó muy natural», destacando «la receptividad, la implicación y la confianza» mostradas por las participantes. «La labor que realiza el programa Ícaro de AFES las dota de familiaridad con este tipo de experiencias, facilitando que se entreguen con apertura y sensibilidad», añadió. También subrayó «la serenidad y la concentración del grupo durante la escucha musical, sin prejuicio ni miedo en el movimiento y la expresión», reafirmando su convicción sobre el poder de las artes.
Por su parte, Antonio Quiles recordó que «música y movimiento han estado unidas en la historia de la humanidad desde el principio» y que «la música es una herramienta poderosísima a la hora de generar emociones, imágenes y recuerdos, mientras que el cuerpo conecta con la presencia, con quiénes somos y cómo estamos». Destacó además la improvisación como herramienta de creación, al permitir que «los movimientos partan de las sensaciones y vivencias de cada participante».
Voces y emociones desde dentro
El taller generó una atmósfera de conexión y serenidad que dejó una huella profunda en las personas participantes. Adrián, integrante del programa Ícaro, comentó: «Este taller me ha servido para callar la mente, darle menos vueltas a la cabeza». Salomé, también participante, compartió: «He sentido liberación, tengo ganas de hacer el concierto». El equipo del centro penitenciario y de AFES Salud Mental puso en valor de manera muy positiva esta jornada, destacando que algunas personas interactuaron de una manera distinta, con más cohesión y menos aislamiento.
Cultura y salud mental: una alianza necesaria
La actividad, celebrada en torno al Día Mundial de la Salud Mental, adquiere un significado especial en un momento en que las artes y la salud comienzan a encontrarse también desde las políticas públicas. El reciente acuerdo entre el Ministerio de Sanidad y el Ministerio de Cultura para integrar las artes en la salud mental desde la atención primaria supone un paso esperanzador hacia la comprensión de la cultura como un derecho y un recurso de salud.
En este sentido, Daniel Broncano, director técnico de la Sinfónica de Tenerife, subrayó que «la vocación social y educativa de la Sinfónica es fundamental, a través de la colaboración con otras entidades». Broncano añadió que «cuando hay una gran inversión pública en la orquesta, tenemos que ir más allá de la gente que compra una entrada para asistir a nuestros conciertos y buscar llegar a todos los públicos posibles, contribuyendo a su bienestar a través de la música». En sus palabras, «vamos a seguir creciendo en nuestra vocación social y asegurando una presencia sólida y consistente de la orquesta en la Isla y en contextos diferentes».
Desde AFES Salud Mental, Patricia Villena, directora técnica y responsable del proyecto Ícaro, destacó la dimensión músico-social del encuentro y la relevancia de los derechos culturales como parte esencial del cuidado y del bienestar comunitario: «La cultura, cuando es accesible, se convierte en una forma de sanar, de reconstruir la mirada sobre uno mismo y sobre los demás. En el ámbito de la salud mental, garantizar el acceso a la cultura es también garantizar la posibilidad de participar plenamente en la vida social, simbólica y afectiva de la comunidad». Villena subrayó además que experiencias como esta no solo transforman a las personas, sino también a los propios entornos institucionales, cuando se abren al encuentro con la creación y la sensibilidad. «Iniciativas como esta permiten que las instituciones -de salud, de cultura o penitenciarias- se renueven desde dentro, incorporando prácticas más humanas, sensibles y colaborativas. La música y las artes actúan entonces como una corriente que revitaliza los vínculos entre profesionales e instituciones, amplía las miradas y fortalece la vocación social que compartimos», afirmó.
Una vez más, la música ha demostrado su capacidad para abrir puertas allí donde a veces parece que todo está cerrado, recordando que los espacios culturales también pueden ser espacios de reparación, justicia social y esperanza.

