La rehabilitación psicosocial se mueve al ritmo de la recuperación
La iniciativa de biodanza Ritmo Integral reúne a participantes de distintos centros de rehabilitación psicosocial de AFES Salud Mental en una experiencia donde el cuerpo y la música hablan más que las palabras
A veces las semanas empiezan cuesta arriba. Pero cada lunes, en el centro de rehabilitación psicosocial de La Laguna, se desarrolla una actividad que desafía cualquier adversidad. La música empieza a sonar, las conversaciones se apagan poco a poco y un grupo de personas deja atrás el ruido del día para hacer algo poco habitual, escucharse a través del cuerpo. Aquí no hay pasos que aprender ni coreografías que memorizar. Tampoco hace falta saber bailar. Solo es necesario estar presente.
Así es Ritmo Integral, una iniciativa que desde hace dos años demuestra que la recuperación también puede empezar con una canción, un gesto compartido o una sonrisa espontánea. Estas sesiones nacieron de la mano de Carmen García, técnica de integración social en AFES Salud Mental. Primero las impulsó en el programa de atención a la patología dual de la entidad y, tras comprobar el impacto que generaba en las participantes, la experiencia creció hasta convertirse en un espacio compartido entre los centros de rehabilitación psicosocial de La Laguna, Puerto de la Cruz e Icod de los Vinos.
Varias veces al año, alrededor de 30 integrantes de los tres recursos se reúnen en el Centro Ciudadano Las Madres de Padre Anchieta, en La Laguna, para vivir una jornada en la que la música y el movimiento sirven de puente hacia el bienestar emocional. «Es un baile propio que haces contigo misma y que luego compartes con las demás», explica Carmen.
Las sesiones comienzan siempre de la misma manera. Sentadas en círculo, las personas cuentan cómo están ese día. Después, las palabras dejan paso a la música y la mente, acostumbrada a ir deprisa, se toma un descanso. En ese momento, el cuerpo empieza a hablar. Inspirada en los principios de la biodanza, la actividad invita a explorar la vitalidad, la creatividad y los vínculos con las demás personas desde el respeto absoluto al ritmo y a las posibilidades de cada participante.
Los cambios, sin embargo, no se miden en pasos de baile. «Cuando alguien sonríe porque la música le toca algo interno, el objetivo está logrado. El movimiento da alegría y ganas de vivir», asegura Carmen. Y no lo afirma solo ella. Rigoberto Hernández también lo expresa con la sencillez de quien habla desde la experiencia. Cuando termina cada sesión, dice sentirse «feliz, con ganas de vivir». Para él, Ritmo Integral es una forma de disfrutar «de forma saludable», pero también una oportunidad para encontrarse con personas de otros centros y compartir vivencias. «Para mí eso es riqueza, riqueza cultural. Ver cómo otras personas se distraen y disfrutan», cuenta.
Cuando le preguntan qué le diría a alguien que aún no se ha animado a participar, sonríe antes de responder: «Que venga, que lo viva, lo pruebe y lo saboree». Porque Ritmo Integral no enseña a bailar. Busca crear un espacio seguro donde cada persona pueda sentirse parte de un grupo, expresarse sin miedo y volver a conectar consigo misma desde el movimiento, la música y el cuidado mutuo. «En cada corazón también se mueven las emociones, la mente se para y luego te llevas la vivencia contigo… en el corazón», concluye Carmen.
Quizá ahí resida la esencia de Ritmo Integral. En que, cuando la música termina y cada persona emprende el camino de vuelta a casa, los días ya no son exactamente iguales.
El programa de rehabilitación psicosocial se desarrolla en el marco del convenio de colaboración que el Gobierno de Canarias mantiene con el Instituto Insular de Atención Social y Sociosanitaria (IASS) del Cabildo de Tenerife para la atención a personas en situación de dependencia y con discapacidad.









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